Franquicias

EL FENÓMENO PRIMARK

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Nos hemos vuelto locos. Sí, confirmado, hemos llegado a la cima de la estupidez humana en el preciso momento en el que se organizan excursiones desde varios puntos de España con el único objetivo de venir a comprar a la capital, pero esto no sería un escándalo si fuese por la milla de oro, si se visitasen los establecimientos más antiguos de Madrid o si todo ello tuviese incluso una finalidad histórica y cultural por la que se pudiese conocer a los dueños de la sastrería más antigua y castiza del centro, a la tienda de telas más recurrida por los chulapos, que a día de hoy sigue abierta, o la zapatería con más brillo y bullicio de la calle Toledo.

Pues bien, esos viajes desde Castilla La Mancha y Castilla León se realizan para pelearse por un jersey de 4 euros y unas braguitas al 50% en el Primark, patrimonio cultural irlandés por lo que parece en hoy en día.

Resulta lamentable el nivel de consumismo que hemos podido alcanzar para que colas gigantescas inunden la Gran Vía el día de su apertura, para que incluso la policía haya tenido que intervenir y que, como si de una discoteca nocturna de Moncloa se tratase, existe un aforo máximo que se ha superado en numerosas ocasiones y los guardias de seguridad se ven obligados a actuar de ‘porteros’ dejando pasar al público en pequeñas oleadas.

Todavía desconozco si hemos alcanzado techo con comportamientos tan sumamente absurdos o aún nos quedan límites que superar. Estoy hablando de nuestro país, ya que uno piensa que estas cosas sólo ocurren en territorio norteamericano, donde siempre habrá gente que acampe varios días (e incluso semanas) a las puertas de una conocida tienda con logo de fruta para conseguir el último dispositivo móvil, o que lleven meses ahorrando para fundirlo todo el mismo día que algún genio del marketing inventó las dos palabras más bonitas del universo consumista estadounidense: Black Friday.

Estamos a tiempo de no llegar a esos extremos, hagámonoslo mirar.

Otros

El paro de autónomos ¿Sí o no?

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Aunque era una figura que ya existía, fue hace poco más de un año cuando se flexibilizaron los requisitos para poder acceder a esta prestación, un “colchón” más para los autónomos, una medida de protección. Pero unos meses después de su entrada en funcionamiento, aún sigue generando dudas y, sobre todo, sigue siendo complicado acceder a él.

Hay que tener muy claros los requisitos que hay que cumplir para poder cobrarlo. No son muchos, pero es muy difícil llegar a cumplir algunos. Veamos las razones:

  • Hay que estar dado de alta en la Seguridad Social y estar al corriente de las obligaciones con ella, evidentemente.
  • Es necesario que el autónomo acredite un mínimo de cotización por cese de actividad de un año y, además, esos meses deben ser seguidos e inmediatamente anteriores al cese.
  • No sirve cualquier motivo para justificar ese cese, debe ser, entre otros, por motivos económicos, técnicos, por fuerza mayor o pérdida de la licencia. Si se alegan problemas económicos se debe justificar un nivel de pérdidas superior al 10%.
  • Es necesario suscribir un compromiso de actividad con el Servicio Público de Empleo.

Hay algunas otras condiciones, aunque estas son las más significativas. Algunas son fáciles de cumplir, pero otras, no tanto.

Un ejemplo: las pérdidas económicas. Si un autónomo tiene empleados a su cargo o un local alquilado en el que desempeña su actividad será más o menos fácil justificar pérdidas. Pero, si es de esos autónomos que trabaja desde casa esta justificación hay que olvidarla, como casi todas las demás.

Por otra, parte, aun en el caso de conseguir cobrar el paro, tampoco hay que echar las campanas al vuelo, la cantidad a percibir no será demasiado elevada y el periodo en el que se percibirá es breve: desde los dos meses para aquellos que hayan cotizado entre 12 y 17 meses al año para los que hayan cotizado más de cuatro años.

Consumo

Los cambios en los hábitos consumo o la obligación de adaptarse

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Los hábitos de consumo han cambiado, y mucho, en los últimos años. Por las circunstancias económicas y sociales y también por el uso cotidiano de las nuevas tecnologías. El consumidor ahora está mucho más informado, es más exigente, conocer mejor sus derechos y tiene infinidad de herramientas a su alcance para buscar productos y servicios, compararlos y encontrar exactamente aquello que busca y al mejor precio.

La oferta se ha multiplicado de una manera impensable hace unos años, la globalización lo ha permitido. Como han permitido las nuevas tecnologías que las relaciones entre empresas productoras, intermediarios y clientes sean mucho más fluidas y, con ello, más rápidas.

Todo ello ha supuesto un reto para las empresas, que han debido adaptarse en muy poco tiempo a grandes y significativos cambios. Aquello de “renovarse o morir” es más cierto hoy que nunca y el problema es que no hay mucho tiempo para emprender esos procesos de renovación.

En esos cambios de hábitos los dispositivos electrónicos e internet han tenido mucho que ver. Hoy en día muchos consumidores realizan sus compras online, obligando así a las empresas a prestar servicio también a través de este vía. Pero ni siquiera es suficiente con ofrecer, hay que estar por delante de los demás. La competitividad ya no se mide solo en producción, también en la manera en que se desenvuelve la empresa en el mundo virtual.

Ahora, para complicar aún más las cosas (o simplificarlas, según se mire) llegan nuevas formas de pago que amenazan con relegar al olvido las que conocemos hasta ahora. De nuevo la tecnología móvil obliga a adaptarse a unas circunstancias desconocidas. Pagar cualquier servicio o producto a través de un Smartphone es el futuro que ya está aquí.

Los consumidores se adaptan enseguida a los cambios, a las transformaciones. Los hacen suyos y exigen que las empresas hagan lo mismo, lo que supone para ellas un gran esfuerzo, especialmente para las más pequeñas.

Macroeconomia

El Euribor en negativo, el sueño de todos los hipotecados

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Durante años ha sido la bestia negra de miles y miles de familias: el Euribor. Ese término que nadie sabe muy bien a qué se refiere, aunque cualquiera sabe perfectamente que cuánto más alto esté más se paga cada mes de hipoteca. Un término que aparece en más del 90 por ciento de los préstamos hipotecarios firmados en España.

Durante años, el Euribor estuvo en cifras bastante elevadas. Desde hace algunos, para regocijo de tantos hipotecados, no ha dejado de bajar. Y ahora, por fin, lo vemos en números negativos

¿Pero qué significa realmente el Euribor en negativo ? A nivel doméstico, y siempre y cuando la revisión de la hipoteca coincida con el momento en el que está en negativos, cualquiera imagina que el banco va a “devolver” dinero. En realidad, salvo en contados casos en los que se firmaron cláusulas muy concretas (y tal vez ni en ellos), no será así. Realmente será difícil ver una bajada en la letra, como mucho y teniendo suerte se podrá amortizar una pequeña cantidad adicional de capital en lugar de ver bajar los intereses. Es decir, la misma cuota pero con un reparto de cantidades algo diferente.

Además, no hay que olvidar que la inmensa mayoría de las hipotecas tienen un diferencial respecto al Euribor, de modo que incluso en negativo habría que seguir pagando un interés. Solo si la bajada fuera superior a ese diferencial se podría hablar de préstamos en negativo.

En cualquier caso, puede ser flor de un día, porque no parece probable que el Banco Central Europeo permita que el Euribor siga esa senda. Y quizá tampoco sería demasiado bueno para los acreedores, al menos para los futuros ¿La razón? Que es posible que los bancos reaccionaran subiendo sus tipos de interés.

Una buena noticia que no lo es tanto, al menos para las personas que están pagando una hipoteca y que seguramente no vean ninguna diferencia en sus letras.