Archivo por meses: marzo 2016

EL FENÓMENO PRIMARK

Nos hemos vuelto locos. Sí, confirmado, hemos llegado a la cima de la estupidez humana en el preciso momento en el que se organizan excursiones desde varios puntos de España con el único objetivo de venir a comprar a la capital, pero esto no sería un escándalo si fuese por la milla de oro, si se visitasen los establecimientos más antiguos de Madrid o si todo ello tuviese incluso una finalidad histórica y cultural por la que se pudiese conocer a los dueños de la sastrería más antigua y castiza del centro, a la tienda de telas más recurrida por los chulapos, que a día de hoy sigue abierta, o la zapatería con más brillo y bullicio de la calle Toledo.

Pues bien, esos viajes desde Castilla La Mancha y Castilla León se realizan para pelearse por un jersey de 4 euros y unas braguitas al 50% en el Primark, patrimonio cultural irlandés por lo que parece en hoy en día.

Resulta lamentable el nivel de consumismo que hemos podido alcanzar para que colas gigantescas inunden la Gran Vía el día de su apertura que un poco más y tienen que llamar a Desatascos Madrid, para que incluso la policía haya tenido que intervenir y que, como si de una discoteca nocturna de Moncloa se tratase, existe un aforo máximo que se ha superado en numerosas ocasiones y los guardias de seguridad se ven obligados a actuar de ‘Cerrajeros de Avila’ dejando pasar al público en pequeñas oleadas.

Todavía desconozco si hemos alcanzado techo con comportamientos tan sumamente absurdos o aún nos quedan límites que superar. Estoy hablando de nuestro país, ya que uno piensa que estas cosas sólo ocurren en territorio norteamericano, donde siempre habrá gente que acampe varios días (e incluso semanas) a las puertas de una conocida tienda con logo de fruta para conseguir el último dispositivo móvil, o que lleven meses ahorrando para fundirlo todo el mismo día que algún genio del marketing inventó las dos palabras más bonitas del universo consumista estadounidense: Black Friday.

Estamos a tiempo de no llegar a esos extremos, hagámonoslo mirar.

El Euribor en negativo, el sueño de todos los hipotecados

Durante años ha sido la bestia negra de miles y miles de familias: el Euribor. Ese término que nadie sabe muy bien a qué se refiere, aunque cualquiera sabe perfectamente que cuánto más alto esté más se paga cada mes de hipoteca. Un término que aparece en más del 90 por ciento de los préstamos hipotecarios firmados en España.

Durante años, el Euribor estuvo en cifras bastante elevadas. Desde hace algunos, para regocijo de tantos hipotecados, no ha dejado de bajar. Y ahora, por fin, lo vemos en números negativos

¿Pero qué significa realmente el Euribor en negativo ? A nivel doméstico, y siempre y cuando la revisión de la hipoteca coincida con el momento en el que está en negativos, cualquiera imagina que el banco va a “devolver” dinero. En realidad, salvo en contados casos en los que se firmaron cláusulas muy concretas (y tal vez ni en ellos), no será así. Realmente será difícil ver una bajada en la letra, como mucho y teniendo suerte se podrá amortizar una pequeña cantidad adicional de capital en lugar de ver bajar los intereses. Es decir, la misma cuota pero con un reparto de cantidades algo diferente.

Además, no hay que olvidar que la inmensa mayoría de las hipotecas tienen un diferencial respecto al Euribor, de modo que incluso en negativo habría que seguir pagando un interés. Solo si la bajada fuera superior a ese diferencial se podría hablar de préstamos en negativo.

En cualquier caso, puede ser flor de un día, porque no parece probable que el Banco Central Europeo permita que el Euribor siga esa senda. Y quizá tampoco sería demasiado bueno para los acreedores, al menos para los futuros ¿La razón? Que es posible que los bancos reaccionaran subiendo sus tipos de interés.

Una buena noticia que no lo es tanto, al menos para las personas que están pagando una hipoteca y que seguramente no vean ninguna diferencia en sus letras.

Facturar o no a través de cooperativas: todo depende.

Es una de las grandes cuestiones a las que se enfrentan los autónomos, sobre todo si son nuevos y aún no tienen grandes ingresos: cómo facturar o si merece la pena darse de alta. Las cooperativas se presentan, desde hace un tiempo como la solución ideal en estos casos.

El primer aspecto que se argumenta como una gran ventaja es que cuando se factura a través de cooperativa no hay que hacer frente a las obligaciones tributarias y con la Seguridad Social del autónomo (y no son pocas). La cooperativa puede cobrar un tanto por ciento por la gestión o una cuota fija, pero la cantidad será siempre menor.

Lo que hace la cooperativa es tramitar las facturas y, una vez cobradas, las abonan a los asociados como si fuera un salario, es decir, a través de una nómina. Hay que tener en cuenta que realmente no se es un asociado, sino un empleado de la cooperativa.

Para trabajos esporádicos puede ser la solución, porque la cooperativa se encarga de las altas y bajas en la Seguridad Social y lo hace como trabajador asalariado. Otra ventaja en este sentido es que se puede seguir cobrando el paro en los periodos de inactividad.

Inconvenientes, también puede tener. El más evidente es que si la facturación es elevada puede resultar más caro que darse de alta como autónomo. También hay que tener en cuenta que el trabajador no se puede acoger a los beneficios, por ejemplo, en la compra de materiales de trabajo de los que sí disponen los autónomos. Y todo ello sin olvidar las cuotas de la Seguridad Social rebajadas durante los primeros meses de actividad.

En cualquier caso, lo más importante es analizar bien la situación y hacer cuentas antes de tomar una decisión. Informarse bien es primordial y hay infinidad de cooperativas dispuestas a resolver cualquier duda que se tenga, cooperativas que a veces, incluso, se centran en sectores de actividad determinados.