EL FENÓMENO PRIMARK

Nos hemos vuelto locos. Sí, confirmado, hemos llegado a la cima de la estupidez humana en el preciso momento en el que se organizan excursiones desde varios puntos de España con el único objetivo de venir a comprar a la capital, pero esto no sería un escándalo si fuese por la milla de oro, si se visitasen los establecimientos más antiguos de Madrid o si todo ello tuviese incluso una finalidad histórica y cultural por la que se pudiese conocer a los dueños de la sastrería más antigua y castiza del centro, a la tienda de telas más recurrida por los chulapos, que a día de hoy sigue abierta, o la zapatería con más brillo y bullicio de la calle Toledo.

Pues bien, esos viajes desde Castilla La Mancha y Castilla León se realizan para pelearse por un jersey de 4 euros y unas braguitas al 50% en el Primark, patrimonio cultural irlandés por lo que parece en hoy en día.

Resulta lamentable el nivel de consumismo que hemos podido alcanzar para que colas gigantescas inunden la Gran Vía el día de su apertura que un poco más y tienen que llamar a Desatascos Madrid, para que incluso la policía haya tenido que intervenir y que, como si de una discoteca nocturna de Moncloa se tratase, existe un aforo máximo que se ha superado en numerosas ocasiones y los guardias de seguridad se ven obligados a actuar de ‘Cerrajeros de Avila’ dejando pasar al público en pequeñas oleadas.

Todavía desconozco si hemos alcanzado techo con comportamientos tan sumamente absurdos o aún nos quedan límites que superar. Estoy hablando de nuestro país, ya que uno piensa que estas cosas sólo ocurren en territorio norteamericano, donde siempre habrá gente que acampe varios días (e incluso semanas) a las puertas de una conocida tienda con logo de fruta para conseguir el último dispositivo móvil, o que lleven meses ahorrando para fundirlo todo el mismo día que algún genio del marketing inventó las dos palabras más bonitas del universo consumista estadounidense: Black Friday.

Estamos a tiempo de no llegar a esos extremos, hagámonoslo mirar.

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