La Economía al servicio del pez grande

Que el pez grande se come al pez chico es una premisa más que clara y cierta en la Economía. Esta idea se materializa de forma real en cualquier escenario que se rige por los designios de la oferta y la demanda. No obstante, ha sido la ola de capitalismo desalmado y salvaje, que campa a sus anchas con total impunidad por donde quiere, la que ha arrojado más evidencias de cómo el pez grande está cada vez más gordo y lustroso.

Pueblos y barrios vivían hasta hace algunos lustros con sus mercados, fruterías, pescaderías, carnicerías y demás establecimientos de servicio al conciudadano. Sin embargo, fue la proliferación de las grandes cadenas y multinacionales la que poco a poco fue zarandeando los cimientos del escenario y cambiando la situación.

Los pequeños negocios a los que nos referíamos antes fueron cerrando de forma inevitable, toda vez que no podían enfrentarse a los precios y facilidades que las grandes superficies ofrecían. La fruta, la carne o el pescado que se vendía en los pequeños negocios de toda la vida dejó de estar al alcance de la mano del consumidor, ese mismo que se había ido a comprar a la multinacional para ahorrarse un dinerillo; el nivel de confianza que se tenía con el dependiente de antes no era ahora el mismo, resulta obvio, pero en cambio la compra se efectuaba con más libertad y de forma menos personalizada.

Muchos trabajadores que habían sostenido con su sudor diario esos negocios de barrio o de pueblo quedaron en paro, en la ruina. Por supuesto, la gran superficie colocó a otros trabajadores para mantener el servicio básico de su actividad económica cotidiana. Pero, ojo, que ese consumidor que se pasó desde el pequeño negocio a la multinacional para ahorrar un poco, de repente, se encontró con la desagradable sorpresa de que la gran superficie decidía abandonar el lugar… y trasladar sus instalaciones hasta otro marco que podría ahora reportar más ingresos. En el paro acabaron los dueños de los pequeños negocios y los empleados de la gran superficie; y la indefensa ciudadanía quedó sin lugar donde hacer la compra en su propio territorio.

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