Préstamos personales: consejos para no ahogarse en ellos

Un problema económico puntual lo puede tener cualquiera, un gasto imprevisto también, o la necesidad de darse un capricho que se sale del presupuesto. Hay mil razones para pedir un préstamo personal y otras tantas para meditarlo muy bien antes de endeudarse con el banco.

Cuando se ha decidido solicitarlo, o cuando no queda más remedio, lo mejor es dedicar tiempo a elegir el mejor. Por eso, el primer consejo es buscar y comparar, leer la letra pequeña y no dejar una duda sin resolver.

Pero hay que hacerlo sabiendo exactamente lo que se necesita. Aquí llega el segundo consejo: no dejarse embaucar. Si se necesitan mil hay que pedir mil, ni más ni menos. Los empleados del banco aprovecharán para convencer al cliente de que es el momento para cambiar de muebles, irse de viaje o comprase coche. No hay que sucumbir, una deuda innecesaria puede ser motivo de ahogo exactamente igual de innecesario.

Por supuesto, hay que valorar tanto el tiempo de reembolso como el tipo de interés. Cuanto más largo sea el plazo de devolución, más intereses habrá que pagar. Tercer consejo: hacer lo que uno cree, no lo que dice el banco al que, evidentemente, le conviene una deuda a muy largo plazo.

Hay que ser consciente del plazo de devolución, pero también de las posibilidades reales de devolverlo. Cuarto consejo: elegir un plazo en el que la cuota sea asequible sin ahogar, incluso contando con algún que otro contratiempo.

Y hay que hacer un uso inteligente de los préstamos personales. Uno se puede pagar con relativa sencillez, pero si ya son dos o tres, los problemas puede que no tarden en llegar. Hay que contemplar el préstamo como lo que es: un medio para contar con liquidez en un momento dado. Si no se hace así se corre el riesgo de acabar solicitando un préstamo para pagar otro, parece un sinsentido, pero es algo que ocurre.

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